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Acerca de Exchanges, Lamborghinis, Nakamotos y otras mixturas

Acerca de Exchanges, Lamborghinis, Nakamotos y otras mixturas

"El mérito de estos Exchanges (Orionx, Buda y Criptomarkt) es -en particular- que permitieron al ciudadano común involucrarse con esta tecnología"

Resulta interesante cierta lectura que se ha hecho respecto del conflicto suscitado por el cierre de las cuentas bancarias a los 3 exchange chilenos, dedicados al intercambio de criptomonedas a fiat. Pareciera ser que se trata de un combate entre las nuevas tecnologías y los dinosaurios bancarios, entre la blockchain y los abusos de la centralización, entre el nuevo paradigma persona a persona (p2p) y el antiguo modelo regentado por la tiranía de los intermediarios.

Sin embargo, creo que al respecto habría que hacer algunas precisiones.

La primera es que los Exchange son de naturaleza centralizada. Su misión, como en cualquier otro negocio, es disponibilizar un servicio y cobrar por ello las tarifas correspondientes a los costos asociados.

La segunda, es que están definidos por la presencia de un intermediario, el concepto de p2p sólo podría ser posible como una ramificación de su actividad central, por ejemplo, que un usuario compre activos digitales en un Exchange para poder enviarlos a otro país sin cobrar las altas tarifas bancarias. O sea que se trata de un intermediario que si bien cobra una tarifa más razonable, no deja por ello de ser un intermediario.

La tercera, es que gran parte de sus ingresos provienen del trading por lo tanto, de la especulación. Esta información no es difícil de inferir dado que la principal razón por la cual los chilenos/as se han acercado a la cultura de las criptomonedas es la esperanza de conseguir una mejora económica a través de esta nueva herramienta a la que se le ha llamado “democratizadora del dinero”.

Donde antes se necesitaba al menos un capital mínimo de 500 dólares para postular a lobo de Wall Street, las criptomonedas permitieron la entrada de usuarios que con apenas 10 dólares –y disímiles resultados- pudieron aspirar a Di Caprio criollo, a sólo 3 velas verdes de cambiar para siempre sus vidas. No es casualidad que el mismo lenguaje del imaginario de ejecutivo de la bolsa, poblado de lamborghinis (“lambos”), islas desiertas y un harem de mujeres guapas y bien dispuestas, haya aterrizado sin excepción en todos los diálogos masculinos de Telegram.

por Mónica Castro

Blogger en desarrollo de contenidos digitales, interesada en educación, ciencia y tecnología. Contacto: gestiontextual@gmail.com. Colaboradora X-M Cultura Global.

Dicho esto, la intención no va por enjuiciar el modelo darwinista (no al menos tan radicalmente) ni mucho menos el muy humano impulso de cambiar odiosos y mal pagados trabajos por una vida un poco más amable y placentera. Aun cuando podamos diferir del relato o la representación que cada uno hace de una vida “amable y placentera”.

Y si bien cabe mencionar que el conflicto Exchange-Bancos más bien evoca una problemática que es jurisdicción del Tribunal de defensa de la  libre competencia, y no el izamiento de una bandera con el rostro posible de Nakamoto, no deja por ello de constituirse como un eslabón de transición a un modelo más genuinamente apegado al paradigma Satoshi.

Es decir, que el mérito de estos Exchange (Orionx, Buda y Criptomarkt) es -en particular- que permitieron al ciudadano común involucrarse con esta tecnología (el uso de wallet, revisión de hash, confirmación de bloques) aun cuando sus objetivos no estuvieran del todo alineados con el significado último de la blockchain que es librarnos de la cultura malsana de la intermediación, de la certificación y de sus tarifas. Una tecnología que tiene como finalidad primordial, devolvernos la confianza para transaccionar entre personas, no sólo dinero, sino que conocimientos, saberes, servicios, derechos, democracia, sin que nadie pueda arrogarse el derecho de hacerlo a nombre nuestro. Una confianza que por otra parte, no se restablece porque la humanidad se haya convertido mágicamente en una especie respetuosa del entorno, altruista e incorruptible, pero si gracias a que un ser humano –o un grupo de ellos- tuvo la suficiente inteligencia y diría que supraconciencia para darse cuenta de que sólo la tecnología puede defendernos de nosotros mismos: una “intermediaria” con la neutralidad, la asepsia y la incorruptibilidad de un software.

 

Así que de buena gana esperamos que los Exchange puedan resolver su conflicto y amigarse con los Bancos para que puedan funcionar como cualquier otro negocio.

Pero quizás aún más interesante sería que esta crisis (y la palabra crisis etimológicamente significa “examen”) pudiera devolverle al uso de las criptomonedas y la tecnología que la soporta, su sentido original. Quién sabe si de un proyecto ICO (protegido por la seguridad de una DAICO) no podría surgir en Chile un Banco ciudadano, genuinamente descentralizado, o un exchange con las mismas reglas (como EtherDelta, por ejemplo).

La adopción de las nuevas tecnologías no puede ni debe estar únicamente enfocada en la capacidad de verlas como una buena oportunidad de negocio, sino que en traducirlas como el profundo cambio de paradigma que son y quizás falten en los equipos que conforman las nuevas iniciativas, informáticos de reciente generación, esos que no saben hacer lobby, adolecen de carisma, o de redes en las altas esferas, pero que aprendieron el lenguaje de la programación -autodidactas casi siempre- antes que la lengua materna y sin tecnología de punta a su disposición. Esos que se interesaron en el proyecto Bitcoin mucho antes de que este comenzara a desprender –y sin querer- el aroma del fiat.

En definitiva y si bien entendemos la dimensión económica y política del cierre de las cuentas bancarias y de la necesidad de que esta situación sea revertida, todavía con más ganas esperamos que un día sea posible que el dinero (físico o digital) tenga un valor conferido y administrado por las comunidades y no por esos banqueros que parecen hacer constantes homenajes a sus caricaturas; el de las redes distribuidas, de los saberes descentralizados; del conocimiento libre por sobre la tiranía de los expertos, del intercambio de igual a igual sin la sombra supervisora del tejado de vidrio ajeno. Para que por fin mujeres y hombres tengamos copias de las llaves del saber, del libro contable del hacer, de la cadena que transforma el poder en bloques simétricamente distribuidos. Antes –mucho antes- que las llaves del lambo. Que quizás a esas alturas, ya ni necesitemos.

¡Hasta el próximo Reflejo!



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