Chile: “Fintech” bajo la lupa estatal

Chile: “Fintech” bajo la lupa estatal

¿FinTech?

Las nuevas tecnologías son un tema de preocupación ciudadana y de máxima ocupación. El Gobierno tiene la fantástica oportunidad de realizar un positivo aporte histórico para la sociedad.

 

¿Qué es FinTech?

“Fintech” es el acrónimo sobre las palabras en inglés Finance y Technology. Se refiere a las empresas de servicios financieros que utilizan la última tecnología existente para poder ofrecer productos y servicios innovadores en la industria financiera.

Las empresas de “Fintech” principalmente se dedican a realizar operaciones de intermediación en el ambiente de las finanzas, en diversos espacios, como por ejemplo en las transferencias de dinero, los préstamos, las compras y ventas de títulos o en las consultorías financiera o de inversión.

Voces de regulación Fintech

En las últmas semanas, diversos personeros de gobierno han “anuciado” o “deslizado” comentarios sobre la regulación hacia los “activos digitales”, mediante el envío de un proyecto al Congreso que cumpla con esta misión.

Luz amarilla

Es un tema nuevo para el grueso de las sociedades en el planeta, que se han visto superadas en volumen y velocidad sobre la creación de tecnologías de información que han ido apareciendo en esta última década.

Recordar, por ejemplo, que a principios de enero de 2019 se cumplieron los primeros 10 años de vida del Bitcoin, la primera criptomoneda que marcó una profunda inflexión sobre la consideración del intercambio monetario, más allá de las clásicas visiones sobre el dinero de fiato, basado en la generación de deuda.

Cuando Satoshi Nakamoto publicó su legendario paper del bitcoin, sentó las bases de lo que sería un salto tecnológico trascendental para el futuro de la filosofía monetaria.

Una manera de retornar la confianza a los generadores de valor agregado en la economía. Una respuesta racional contundente, de cara a lo que fue la “tragedia” de la cuasi depresión denominada “subprime” del 2008 en Estados Unidos y que se contgió a todo el mundo. Lo que hizo que el nivel de endeudamiento de aquella sociedad se alzara a niveles nunca antes vistos en la historia conocida de la humanidad.

El Bitcoin pasó de ser considerado una herramienta de financiamiento para grupos terroristas, mercado negro o subversivos (como algunos consideran al mismo wikileaks), hacia un instrumento de inversión que forma parte habitual de las carteras de manejo financiero de diversas agencias en el mundo. Las inversiones en criptomonedas actualmente mueves miles de millones de dólares de Estados Unidos. por lo tanto, la regulación que se quiera aplicar no es trivial.

 

La corriente criptomonetaria

Se han ido sumando otras “cryptos”, tales como Ethereum o Ripple (que incluso tiene el apoyo de centenares de instituciones financieras del mercado formal y respetable a nivel internacional).

Viendo la evolución de estos nuevos instrumentos generadores y conservadores de valor, se han ido forjando desde los descubrimientos y apoyo derivado de la complementación de varios tipos de tecnologías, tales como la blockchain, los smartcontracts, la firma digital, entre otros muchos, que en su conjunto “revalorizan” constantemente a estas criptomonedas.

Desde el boom de los precios de las “cryptos”, a fines del 2017; cuando ubicó al mismo Bitcoin ad portas de los USD 20.000.- por unidad, se posicionó estratégicamente como un activo financiero de nueva generación, denominado activo digital.

Los aportes desde la proliferación de estos activos y las aplicaciones que ofrecen son tan fuertes, eficientes y efectivas, que han demostrado tener una proyección ejecutiva impresionante, frente a los instrumentos de ya oxidada y muy lenta y cara economía del siglo XX.

Incluso, hasta la filosofía del dinero de fiato está en duda, considerando las políticas monetarias de muchas de las principales economías del mundo, que están comprando miles de toneladas de oro al año, fenómeno que no se veía desde fines de la década de 1960 o de principios de la década de 1970; cuando la administración Nixon en EE.UU. eliminó el patrón oro. También, el hecho de que miles de personas y empresas están operando con “cryptos”-

Estos modernos “activos digitales” han permitido recuperar la esperanza respecto a las operaciones financieras de intercambio internacional, gracias a su versatilidad, transparencia y precisión. Algo que los mercados necesitan con máxima urgencia en la actualidad.

Una agenda responsable

En Chile, la situación puede resultar más complicada, desde un escenario que ya tiene varios proyectos de “cryptos” funcionando o en etapa de desarrollo; con al menos tres casas de cambio de criptomonedas que están operando merced a una orden del Tribunal de Libre Competencia, mientras se resuelven litigios entre estas casas de cambio y la banca formal.

Este escenario es inestable y precario, porque se suma la falta de definiciones que brillan por su ausencia en el Congreso chileno, el cual apenas se atrevió a enviar una solicitud de estudio de factibilidad sobre el uso de la cadena de bloques en el aparato gubernamental. Hasta ahora, el Congreso ha sido poco “proactivo” en el estudio y proposición de leyes que vayan a la par con el desarrollo tecnológico.

Por lo tanto, el papel del gobierno de turno queda muy expuesto y propenso a la reglamentación sorda, tuerta y coja, que en lugar de constituirse en un aporte para el crecimiento y desarrollo de la industria de tecnologías de información, asuma el papel de verdugo de toda una generación de programadores, desarrolladores, técnicos, ingenieros, en general, una fuerza emprendedora poderosa que sea capaz de liderar un nuevo soplo del espíritu creativo que tanto necesita la sociedad chilena, para revertir la difícil situación que viven muchas familias a lo largo de Chile.

Son estos jóvenes, hombres y mujeres que se están esforzando por generar, mantener y mejorar centenares de aplicaciones de tecnologías financieras que significan la valorización del recurso informático, como parte de un plan de interés superior de la nación, para los fines que la sociedad considera vitales para la misión que un país asume con responsabilidad.

Una agenda amplia es precisa. Con extrema urgencia se necesita que todos las unidades del poder ejecutivo y legislativo inicien una ronda de contactos, mesas de trabajo, equipos de colaboración público-privado, más toda otra instancia de conexión con los actores que participan y mueven estas tecnologías, tanto en Chile como del extranjero, para levantar una institucionalidad sólida, transparente, eficiente, efectiva, confiable y representativa sobre las condiciones sobre las cuales estas aplicaciones funcionarán en el futuro próximo.

Chile no es el único que estará en ese proceso, muchos países ya han comenzado a caminar por el sendero de la modernización, de forma metódica, racional, inteligente, estudiando las diversas aristas que sostienen estas nuevas tecnologías que soportan las tecnologías financieras.

Así hemos visto que Rusia, China, Australia, Estados Unidos, Reino Unido o Italia, ya han comenzado a trabajar en legislación y organismos que permitan el alto rendimiento operativo y de valor que estas tecnologías pueden alcanzar en beneficio de la sociedad.

 

Responsabilidad hacia la ciudadanía

Intentar regular y hacer invisible el escenario donde participan todos los actores de estas tecnologías, solo perjudicará y ralentizará la modernización informática y financiera del país. No es posible regular para dejar todo igual o peor.

Hay una agenda que cumplir y un gobierno responsable que opera con orden y metodología profesional, por el bien común de los ciudadanos, pensando en el largo plazo.

Un gobierno responsable es la máxima garantía que se puede dedicar a las nuevas generaciones. Tal vez sea el momento de pensar en el interés superior de la nación, en tiempos cuando los hechos demuestran que los diversos poderes del Estado se ven permanentemente envueltos en noticias que aparecen en las primeras planas de las páginas policiales y ausentes de las páginas donde millones quisieran realmente leer las buenas nuevas.

Las nuevas tecnologías son un tema de preocupación ciudadana y de máxima ocupación. El Gobierno tiene la fantástica oportunidad de realizar un positivo aporte histórico para la sociedad. Amén.

El Editor



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