Desglobalización: Algunos lo están pensado

Desglobalización: Algunos lo están pensado

Desglobalización o el malestar de la globalización

No será el fin de la historia. Solo el fin de un capítulo extraño y novedoso, el cual se aceleró desde la caída del muro de Berlín, en octubre de 1989

Océano de incertidumbres

No es una coincidencia derivada de la guerra comercial entre Estados Unidos de América y la República Popular China.

Es un proceso largo, que se viene arrastrando por décadas. Podemos recordar las marchas antiglobalización (por la cumbre de la OMC), en 2001; en Seattle, Estados Unidos. Otras protestas que desde ahí siguieron, como por ejemplo en Genoa (Italia), el 2001; por la cumbre G8; o Santiago de Chile, en 2004; por la cumbre APEC.

Siguen los “occupy” de Wall Street en 2009; después de la gran crisis depresiva inmobiliaria, llamada “Subprime”. Los ocupa españoles en Madrid. La evolución de los descontentos se expresó con los “indignados” (¿Recuerdas “Indignez-vous”?). Tampoco es posible olvidar las jornadas de protesta que los griegos protagonizaron el 2015 por la “Deudocracia” a la que está siendo sometida y el trato inmisericorde que recibieron por parte de la llamada “Troika”, tras los resultados de las consultas ciudadanas, que dejaron mal al gobierno de Alexis Tsipras, con la consecuente dimisión de su ministro de fiannzas Yannis Varoufakis.

Las alarmas de desglobalización han ido sonando en el transcurso de los años.

Actualmente, por casi 30 sábados consecutivos, los “chalecos amarillos” (yellow vests) que marchan por las ciudades de Francia, contra las políticas del Presidente Emmanuel Macron, que marcan el estándar de protesta moderno.

Los gritos de protesta se mueven por las calles de muchos países, cuyas poblaciones no se han sentido bien tratadas por el manejo que las autoridades respectivas han estado haciendo por años, sobre las regulaciones legislativas y, menos aún, las medidas ejecutivas de los gobiernos. ¡Cómo rugen en Argentina! por ejemplo.

La corrupción se ha ido apoderando de las páginas de política, al punto de tener que unirse con las páginas policiales, en muchos países. El caso más llamativo lo representa Perú. Este país ha visto en la dimisión del ex Presidente Pedro Pablo Kuszcinsky y el suicidio del ex Presidente Alan García, como parte de una red de corrupción que se pasea como bestia suelta por los gobiernos, parlamentos y tribunales de justicia en todo el planeta.

A veces, la misma Transparency Internayional queda corta en las estimaciones y recolección de datos sobre corrupción.

Luego, pensar o hablar sobre desglobalización no parece tan descabellado.

Alguien dijo por ahí: “las instituciones funcionan”. Sin embargo, cabe pensar: “Si las instituciones funcionan, entonces se debe exigir que funcionen bien para todos”. Las instituciones no están funcionando bien.

Pero el problema no es solo de las instituciones. Es algo mayor, que desde hace muchos años está siendo expresado por los ciudadanos. Porque lo que se ha logrado es “precarizar” la condición de vida, donde los mismos gobiernos y grandes corporaciones locales e internacionales, contribuyen bastante para desgastar la paciencia de las personas.

Argentina, Venezuela, Perú, Brasil o Chile, son ejemplos de lo que se percibe desde América del Sur. Se pueden Sumar México y el mismo Estados Unidos, en América del Norte, por ejemplo.

Hace 20 años, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz publicaba su obra: “El malestar de la globalización”, donde denunciaba con tiempo y espacio las implicaciones de los malos manejos del comercio, la economía y la política, en desmedro del desarrollo de las sociedades.

Lo que está sucediendo hoy ya estaba anunciado hace mucho tiempo. Es decir, en cierto modo, los movimientos antiglobalización, en realidad estaban y están advirtiendo sobre el levantamiento de la desglobalización.

¿Seguiremos viendo más cambios bruscos?

Por supuesto que si.

Globalización fatigada, rumbo a la desglobalización

No es preciso ser un experto como para notar que la globalización de los últimos 20 años no está funcionando. Al menos, para el grueso de la población del mundo.
Peor aún, considerando que también los desechos, basura y cambio climático en curso, que se han profundizado en el mismo tiempo.

Para muchas sociedades alrededor del mundo, el discurso de “en la medida de lo posible” se está agotando rápido. Sucedió en Estados Unidos, con el triunfo de los patriotas. Sucede actualmente en Australia, Italia, Francia, Inglaterra, que están viendo cómo el bloque “globalista” se cae a pedazos, en una deconstrucción que tomará unos pocos años, hasta que solo sea materia de los libros de historia.

El duelo entre Estados Unidos y China es solo uno de los enfrentamientos que caracterizan a esta época. Hay muchos otros duelos que se están jugando en distintas partes del planeta, en las más diversas materias que conforman las agendas sociales. El mismo “Brexit” y la caida de la señora May son reflejos de este enfrentamiento. La desglobalización no se hizo esperar.

En el largo plazo, se trata de articular nuevos pactos sociales, en cada sociedad, para que recuperen el valor de ser su historia, su gente y su tierra, en equilibrada armonía con el resto del mundo.

Lo que está en juego hoy es la estabilidad de los ciudadanos, respecto a la “sana convivencia internacional”, libre de conflictos inflados para favorecer al famoso “complejo industrial militar”, que el mismo ex presidente Dwight Eisenhower denunciaba a fines de la década de 1950 en Estados Unidos.

Tal vez, una visión premonitoria, advirtiendo sobre una globalización mal entendida y perversamente mal ejecutada. Un destello de desglobalización, fuera de su tiempo.

Otro síntoma importante del cambio

Otro país que ha ido prescindiendo del dólar de Estados Unidos es Rusia, quien ha ido corriendo por comprar oro y realizar operaciones que evitan el uso de esta divisa, con sus proveedores y clientes.

Polonia, Hungría o Ecuador han ido sorprendiendo con las adquisiciones del máximo metal precioso.

Las relaciones comerciales confluyen hacia territorios donde el papel moneda, los bonos de gobiernos o los derivados financieros, no son bien vistos como medios de intercambio monetario.

Al mismo tiempo, han ido apareciendo nuevos instrumentos más concretos, los llamados activos digitales, que al menos generan derechos sobre aplicaciones tecnológicas de alta complejidad, que generan, mantienen o aumentan valor en el tiempo, debido a la capacidad de ser transportes de valor monetario o herramientas de inversión.

El dinero de fiato pierde credibilidad, debido a su generación a partir de deuda, la que no tiene respaldo alguno, con préstamos interbancarios a tasa 0%.

La desgloabalización pretende restituir el poder monetario de los países, con algo que si respalde sus divisas correspondientes.

Nuevos vientos de cambio

Si bien la llamada globalización se fortaleció gracias a la internet y el desarrollo de nuevos y mejores medios de transportes, llegó un punto donde (al menos por ahora) no tiene mayor plataforma que la especulación discursiva con la cual prometió durante estos últimos 20 años. El reloj de arena carece de granos para soportar muchos años más, salvo unos pocos últimos suspiros.

La desglobalización no  pretende crear guerras artificiales para sostener una economía monetaria enferma de remate, con absurdo endeudamiento. Estamos viendo que no hay graves conflictos bélicos, como los había hace unos 3 años.

No será el fin de la historia. Solo el fin de un capítulo extraño, y novedoso, el cual nació desde la caída del muro de Berlín, en octubre de 1989.

Las políticas locales son más importantes que las globales, porque obedecen a una sola lógica: “los ciudadanos están primero”. La desglobalización actual va hacia un proceso de largo plazo, para permitir que las naciones se reindustrialicen y vuelvan a fundamentar sus economías y modelos sociales con recursos naturales, mano de obra y generación de capital para y por sus ciudadanos.

Y el mundo sigue cambiando, porque los chalecos amarillos seguirán marchando en las calles de Francia. Las estremecedoras noticias comenzarán a sacudir el ambiente de Washington D.C. El cierre de la década promete ser intenso y muy prometedor para los años siguientes, toda vez que se realicen los cambios que son necesarios a lo largo y ancho de este golpeado geoide que es nuestra casa: La Tierra.

El Editor



A %d blogueros les gusta esto: