Actualmente tenemos un gran problema de estancamiento económico más una inflación de espiral ascendente. Una gestión monetaria de los Estados que debe ser de las peores de la historia, si no la peor. La gente se hace más pobre.
En este moderno ecosistema se pretende comenzar a instaurar arbitrariamente moneda digital en los bancos centrales del mundo. ¿Esta modernización monetaria trae consigo las soluciones a todos los males? Una cosa es la tecnología, que es estupenda. Otra cosa es el ecosistema donde pretende operar.
Como vimos, la CBDC es una criptomoneda, desarrollada sobre cadena de bloques. Es una criptomoneda privada y centralizada. Es decir, solo el banco central puede programarla y nadie tiene acceso al código fuente. Sin embargo, quien programa los protocolos tiene acceso a los registros de los usuarios y, por supuesto, a todos los movimientos financieros. El secreto bancario está obsoleto. No se trata de amparar a los delincuentes que lavan los activos mal habidos de diversas maneras, eso ya es parte de las policías y os tribunales cuando funcionan. Estamos hablando de que el Estado tendrá no solo acceso a la información de movimientos de cada ciudadano (¿menores de edad también?). Además, el Estado puede programar que se realicen descuentos automáticos desde el monedero de un contribuyente, desde un lamentable error hasta un sofisticado sistema que obedece a una ideológica tendencia coercitiva que el Estado imponga contra los ciudadanos (por ejemplo, una ley que castigue que no se puede hablar a favor de Jesús, porque es un discurso de odio contra otras personas), descontando automáticamente de los fondos, para pagar una multa por desobedecer una ley.
Otra amenaza consiste en que el Estado puede congelar los fondos por X motivos, por ejemplo, un corralito. Y peor aún, la posibilidad de imponer fecha de caducidad a los fondos, si el Estado dicta una ley que obliga a consumir los fondos dentro del plazo de 30 días corridos.
También está la cuestión tributaria, que abre la puerta para que la distinguida clase política se vuelva loca creando impuestos y que obligue que todas las transacciones sean justificadas para determinar las tributables para el descuento impositivo “ipso facto”.
Y podríamos continuar toda la jornada hablando de los peligros de que el Estado tenga el control sobre el monedero de cada ciudadano. La amenaza es tan grande, que da para pensar y hasta temer que este escenario apocalíptico es factible.
Se trata de la soberanía financiera de las personas, de los ciudadanos, de los contribuyentes. De la libre disposición de los fondos que cada cual pueda obtener y usar o almacenar, prestar, donar, invertir, etc.
Meter al Estado en el espíritu de las finanzas individuales es comparable a entregar el alma al “innombrable”. No hay garantía de que el discurso inicial de buenas intenciones y mágicas soluciones populares, se transforme en una odisea económica adicional, como si ya le mundo no tuviera suficientes problemas existenciales.
Finalmente, una consideración importante. Hasta ahora hemos supuesto que el dinero contante y sonante, los billetes y monedas siguen circulando libremente por las calles, locales comerciales y bajo los colchones. Pero… y si el Estado decide que se cancela el dinero físico, bajo el pretexto de que la gente ya no lo usa. Algunos ya lo están planteando como en una ventana de Overton.