La O-M-S, como hemos visto, está desarrollando dos instrumentos dedicados al aumento significativo de su autoridad global, en la administración de emergencias sanitarias y pandemias:
- Correcciones al Reglamento Sanitario Internacional (RSI)
- Tratado (Convenio) de pandemias (denominado WHO CA+)
El borrador de las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional (RSI) propone importantes nuevos poderes supranacionales para ser ejercidos exclusivamente por la O-M-S, durante emergencias sanitarias públicas, ampliando y llevando adelante, de acuerdo a las circunstancias, la activación de dichos poderes.
Las enmiendas justifican la burocracia, financiamiento y administración de lo que sería necesario consolidar para expandir el nuevo RSI, naturalizando así su puesta en marcha.
Estas enmiendas, de ser adoptadas, cambiarán la relación entre los gobiernos nacionales y la O-M-S, “cableando” la ley internacional de arriba hacia abajo para lograr el dominio supranacional de la salud pública, pasando por la soberanía de cada una de las naciones miembros.Particularmente en lo que concierne a las emergencias sanitarias internacionales, incluyendo preparaciones políticas de respuesta. En ese escenario, la O-M-S se ubicaría a la cabeza del manejo político, otorgando poderes absolutos a una entidad no elegida por los ciudadanos de cada nación miembro. La capacidad para cambiar los niveles de poderes nacionales a internacionales de control directo, interfiriendo totalmente en los asuntos de los Estados, para pisotear derechos fundamentales de los individuos.
Mientras, hasta la fecha, la O-M-S ha sido empoderada para realizar “recomendaciones” a las naciones, las enmiendas pretenden investir a este organismo de amplios poderes, legalmente vinculantes para los Estados, en la dirección efectiva de cada país, región, provincia o globalmente. Es posible proyectar casos como:
Si estas propuestas son aprobadas, automáticamente expandirán los mecanismos de vigilancia de la salud pública, con un “equipo de trabajo” cuyo desempeño dependerá de las necesidades (actuales o percibidas) para identificar más virus o variantes de observación desde el organismo central. Recordemos que la sede de la O-M-S está ubicada en Ginebra, Suiza.
Este equipo global será financiado por los contribuyentes, pero también recibirán fondos de corporaciones privadas, con intereses puestos en el negocio del Complejo Farmacéutico Industrial, vaxes, por ejemplo, dedicadas al desarrollo de respuestas ante brotes de enfermedades infecciosas.
El objetivo de la O-M-S apunta a conseguir que ambos instrumentos políticos (el nuevo RSI y el Tratado de pandemias) se alisten para la adopción en la reunión de la 77° reunión de la Asamblea Mundial de Salud, en mayo de 2024.
Precisamente, dentro de un año, en mayo de 2024 estaremos ad portas de que estos convenios sean aprobados y traspasados rápidamente a toas las naciones firmantes, vinculantes a los cuerpos legislativos.
Por mucho que hagan un esfuerzo para intentar esconder los riesgos potenciales para la soberanía de las naciones, es innegable que en los mismos documentos se explayan generosamente respecto a los temores de transformar al planeta en una verdadera jaula global, sometiendo a los ciudadanos a lo designios de la O-M-S bajo la orientación de sus “mecenas” corporativos, que incluyen inversiones en otras áreas de las actividades globales, como la banca, las armas, la agroindustria, la vigilancia, las comunicaciones, los medios masivos, las redes sociales y un largo etcétera.
En un próxima entrega[13], seguiremos ampliando los alcances de estos convenios, que representan un Gran Riesgo para los ciudadanos de todas las naciones.