Los ODS se han puesto por sobre los intereses particulares de cada sociedad, para imponer una visión global por sobre todos los pueblos, aduciendo inclusión y cuidando de la naturaleza. A priori, esto puede parecer maravilloso, pero en la praxis, las grandes potencias industriales poco o nada se han comprometido realmente con estos objetivos principales.
Todos los organismos supranacionales están conectados para actuar en conjunto, disciplina por disciplina de acuerdo a un plan maestro de seguir ejecutando el famoso “Great Reset[3]” propuesto por el WEF, que tantas veces hemos analizado en este medio, ya por años. EL comercio de bienes y servicios, libre y soberano en el mundo físico, ha sido el predominante por miles de años en todas las civilizaciones conocidas, desde que se tiene conocimiento histórico. Por lo tanto, alude a la condición natural de la especie humana sobre la la faz del planeta.
Plantear cambiar dichas prácticas significa derechamente desnaturalizar la condición humana, acerca de su función en el planeta y distorsionar los intercambios saludables que se establecen entre los ciudadanos de cada país, también de los países en los intercambios de bienes y servicios que hacen que cada sociedad, de acuerdo a sus condiciones geográficas, trabajo y capital, tengan la oportunidad de competir libremente por comercializarlos del modo que estiman conveniente. La decisión sobre qué producir, cómo producir y para quién producir es un derecho irrenunciable y elemental para cada sociedad, para cada individuo, que no se deben quebrantar.
Además, esta propuesta de la ICC atenta contra las bases mismas del libre comercio, persuadiendo (si no manipulando) las agendas de los Estados, corporaciones y comercios importantes, para empujar a las sociedades a una dictadura digital, que no han pedido ni menos votado libre y democráticamente.
Imponer este nuevo orden digital global, implica desarmar todas las estructuras productivas conocidas y condenar sistemáticamente a miles de millones de personas a ser marginadas de la libre iniciativa que los humanos han tenido a lo largo de su historia y, pesar de dictaduras sanguinarias en el transcurso del tiempo, en distintos lugares, el modelo de libre comercio físico ha vencido todos los obstáculos que le han puesto. Históricamente, al final, siempre gana la libertad de elección por sobre maldad de reinos, principados, dictaduras, que siempre han beneficiado a unos pocos.
En esta oportunidad, la intención de liderar la digitalización del ser humano no le queda bien a la ICC, que luce más como un organismo privado de promoción de una agenda que pretende beneficiar a las corporaciones que manejan la big tech, a veces, como si fueran un cartel de dictadura organizada. Es impresionante ver, en pleno siglo XXI, que estemos preocupados de ver figuras obsoletas y acabadas, otra vez sobre las mesas de negociaciones políticas, económicas, financieras, económicas, sociales, etc.
El panorama global que se está configurando, muestra que las corporaciones están reservando gigantes cuotas de poder local y mundial, gracias al manejo de agendas menores, como la sanitaria y monetaria, entre muchas otras que van dando forma a lo que “The Great Reset”[4] predica desde 2016: “Tendrás nada y serás feliz[5]“.