La política exterior imperante en la era de la guerra fría, fue muy intensa, haciendo creer que los otros eran los malos y no ellos. Y resulta que los otros eran los que estaban al otro lado del muro de Berlin. El mundo dividido, con unos Fideles por acá, unos Honeckers por allá, unos Kennedys o Kohl por aquí, como también uno que otro Perón o Pinochets entre medio.
Y el mundo se jugaba en un tablero de ajedrez, entre rojos y azules. Incluso llevado hasta el extremo de la adversidad, cunado Bobby Fischer enfrentó a Boris Spassky, durante la definición del campeón de ajedrez en 1972.
Esa filosofía de vida era la predominante en el planeta, separando continentes, países y hasta familias. El shock de la amenaza nuclear o de los capitalistas por un lado y los comunistas por otro, eran motivos de discusiones en todos lados.
Hasta que “Gorby” (nickname que apodaron a Mikhail Gorbachev) comenzó a girar inesperadamente, tras el desastre de Tchernobyl, en 1986. La profunización de la “Perestroika” y la “Glasnost” fueron liquidando esa cutltura de división, para ir preparando el camino hacia un nuevo mundo, que ya en 1989 anunciaba Francis Fukuyama, tanto en su famoso artículo, como en u libro: “El fin de la historia”.
Casi todos los regímenes del pacto de Varsovia y sus amigos comenzaron a derrumbarse como línea de dominó. la amenaza del comunismo internacional se estaba diluyendo y ahora, aquellos países que eran enemigos del mundo libre, comenzaron a adoptar las políticas de mercado. En poco tiempo, millones de personas fueron condenadas a sufrir hambre y miseria por esa causa, haciendo que los países sufrieran el remate de sus recursos naturales, complejos de producción industrial. propiedad intelectual de bienes o procesos científicos de alta complejidad. Todo adquirido pro las grandes corporaciones y organismos de inteligencia militar de las potencias vencedoras.
Ya habían otros actores en el mercado global y era una gran oportunidad para hacer oro de la nada. Todo este ambiente de los años 1990´s fue denunciado por el economista Joseph Stiglitz en su obra “El malestar de la globalización[2]“.
Como ya no había una gran amenaza global, la industria del complejo militar industrial (denunciado en 1961 por el ex presidente de USA D. Einsenhauer[3]) no tenía cómo aumentar sus ingresos y los accionistas principales se comenzaron a impacientar, buscando nuevos nichos de mercado en el planeta. Mantener un estándar de vida digno de la realeza suele ser algo caro. Y los señores de la guerra lo saben.
El mundo se estaba comenzado a a volver muy caro para aquellos.
¿Cómo encontrar un nuevo plan de negocios para satisfacer los intereses de unos pocos dueños del gran capital global?
La respuesta les tomó algunas décadas y se tuvieron que valer de mucho talento y poder, para encontrar la fórmula perfecta.. hasta ahora. Pero veamos algunas herramientas que sion útiles para estos fines. A fin de cuentas, Machiavelo lo transformó en máxima: “El fin justifica los medios”.