La declaración del presidente de USA Harry Truman: “Hace dieciséis horas un avión norteamericano lanzó una bomba sobre Hiroshima, una importante base militar japonesa”. El júbilo del Departamento de Estado de USA, tras la conferencia de prensa, era que los resultados fueron mejores de lo que todos esperaban. Era el 6 de agosto de 1945.
Pero Hiroshima no era una base militar, sino una ciudad de más de 300 mil habitantes, y que la bomba no estaba destinada para destruir una base militar, sino el corazón de la ciudad. ¿Cómo fue el salto tan desgraciado?
Fue durante la conferencia de Potsdam, en julio de 1945, cuando el presidente estadounidense, Harry Truman, informó a Stalin que USA tenía en su poder una arma de “extraordinaria fuerza destructiva”, pero el líder soviético no mostró reacción especial. El primer ministro británico, Winston Churchill, que estuvo presente en la conversación, concluyó que Stalin no se dio cuenta de qué se trataba ese nuevo armamento. Pero, Stalin si estaba muy al tanto del proyecto Manhattan. Desde entonces, Stalin puso acelerador al proyecto nuclear de la URSS para desarrollar su propia “arma destructiva”.
Así era la mesa de apuestas del casino de Europa, con la guerra ya terminada ahí. Pero Japón no se rendía, siguió resistiendo en los meses siguientes y había que detener la guerra. Además, había que dar muestras de fuerza a Stalin y sus asociados. La guerra fría había comenzado.
Ya, en mayo de 1945; en una reunión en el laboratorio de Los Álamos (Nuevo México, USA) se rechazó la idea de atacar con bombas atómicas a objetivos militares[1], debido a la posibilidad de que se produjeran fallos de puntería y que no se consiguiera “el suficiente efecto psicológico” pretendido. Entonces fue cuando se decidió que utilizar el nuevo armamento para atacar ciudades. Luego de los fracasos de las negociaciones para la rendición de Japón, simplemente llegó el momento de cumplir con las amenazas,
El 6 de agosto de 1945; muy temprano sobre los cielos de Japón, apareció un B-29 (conocido como Enola Gay), con una carga muy liviana, llevando una tripulación de 12 hombres y el “Little Boy”, la bomba atómica lista para ser soltada. Poco después de las 8 am, a una altura de 580 metros sobre el centro de la ciudad y sobre el hospital Shima, estalló la primera bomba nuclear de la historia, con una fuerza de 12 mil 500 toneladas de trinitrotolueno. A las 8:17 am, una enorme bola de fuego envolvió al centro de la ciudad, la temperatura alcanzó 300 mil grados celsius en una millonésima fracción de segundo; las personas que estaban en el hospital se evaporaron y una onda expansiva de 6 mil grados de calor carbonizó los árboles a 120 kilómetros de distancia; de las 76 mil casas y edificios de Hiroshima, 73 mil desaparecieron. Mientras tanto, se había levantado un hongo atómico de 13 kilómetros de altura que expandía material radiactivo por toda la región. Así, 20 minutos después, comenzó una lluvia atómica contaminando de muerte a las personas que habían escapado del calor y las radiaciones. Más aún, a 560 kilómetros de distancia, uno de los artilleros del Enola Gay vio todavía al hongo atómico expandirse en el aire. Dos horas después, ya habían muerto más de 90 mil personas, con el 80% de la ciudad ya desaparecida.
Tres días después de Hiroshima, el 9 de agosto de 1945; un B-29; despegó con la bomba nuclear, conocida como “Fat Man”, con la intención de soltarla sobre la ciudad de Kokura. Pero, al llegar a Kokura, la ciudad estaba cubierta por nubes, lo que dificultaba la visión. Sin embargo, el cielo sobre Nagasaki estaba despejado y era magnífico para soltar la segunda bomba.
El 15 de agosto, el emperador japonés declaró a través la radio nacional la capitulación del país.
Se estima que el número total de víctimas fatales del bombardeo sobre Hiroshima, como resultado de la explosión y sus consecuencias, alcanzaron unas 200 mil personas; mientras en Nagasaki, alcanzarían a 140 mil. Sin considerar todos los efectos secundarios que sufrieron las nuevas generaciones, gracias a la radiación liberada circulante.