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Hacia un mundo en libertad

Las naciones deben trabajar para la libertad
¿Cómo entender el mundo actual privado de libertad?
Gran pregunta. Es complicado intentar una explicación que se ajuste razonablemente a un modelo lógico de análisis generalmente aceptable, porque las variables son muchas y, a la vez, muchas de ellas son absurdas.
En algún momento futuro, los libros de historia se encargarán de levantar un relato racional, siempre y cuando no se trate de un mundo venido de la novela de Ray Bradbury “Fahrenheit 451”.
Ya habíamos sufrido “pandemias” en las últimas dos décadas, como la gripe aviar, el ébola o la popular gripe porcina. Sin embargo, llega este sarscov-2 (denominado corona virus o virus chino) y el mundo es derribado, congelando casi toda actividad económica y rompiendo miles de cadenas de suministro. Esto trajo como consecuencia shocks de oferta y demanda que han hecho de la producción, almacenamiento y distribución algo tan incierto como la lluvia del día siguiente.
A los pocos meses de transcurrido este “siniestro” el Foro Económico Mundial aparece y nos dice que es el momento de aprovechar esta magnífica oportunidad para poner en marcha la cuarta revolución industrial y que tenemos que esperar a que todos sean vacunados.
Recordemos que el Foro Económico Mundial no es cualquier organismo. Se trata de la institución corporativa internacional más importante del orbe, famosa por realizar cada año su “Foro de Davos”, entre medio de los Alpes suizos.
Mientras en 2019 se celebraba un Foro de Davos tibio y amargo, derivado de la guerra económica entre los EE:UU. del presidente Donald J. Trump y la China comunista. El 2021 ya se está repartiendo la funcionalidad que la pandemia tendrá para el futuro de la organización económica internacional, con una agenda que va de la mano de los Objetivos Sostenibles para el Desarrollo de la ONU, más conocida como la “Agenda 2030” o “Agenda 21”.
Entre los objetivos que se ha impuesto el Foro Económico Mundial hay de todo, menos una recuperación económica de las naciones. Lo que si está claro es el vehemente cambio de paradigmas que ya están siendo implantados a lo largo y ancho del planeta, de modo unilateral y sin una mínima consulta a la ciudadanía.
Los ciudadanos del mundo se están abandonando a su suerte.
Paralelamente, la comunidad científica internacional es incapaz de dar una explicación contundente sobre la mantención de las medidas restrictivas que afectan profundamente a la población, cambiando dramáticamente la forma de consumir, producir y hasta de relacionarnos. Tampoco son convincentes las justificaciones de inyectar a la totalidad de la población, considerando que estas sustancias están bajo graves cuestionamientos en todo el mundo. La Declaración de Great Barrignton o Médicos por la Verdad son claros pulsos de oposición y disidencia contra el estadio de pandemia decretado hace más de un año.
Solo en los regímenes más autoritarios y hasta más sanguinarios, a lo largo de la historia, se han dado restricciones tan detalladas como prolongadas. Como en la Alemania Nacional Socialista o en la Unión Soviética.
Las naciones y sus habitantes son destruidos por el desempleo, el confinamiento, la pobreza y la miseria que parecen condenar a gran velocidad a un porcentaje considerable de la población, que no está contemplado para llegar al final de esta extraña situación de emergencia internacional, al menos en el largo o mediano plazo.
Cabe preguntarse si las autoridades políticas, económicas, científicas y médicas están luchando por la libertad para superar el problema, o al contrario, son parte del problema de la libertad.