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«Bananas United of the World» o el suicidio global

«Bananas United of the World» o el suicidio global
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Bananas de Estado

Estos últimos años hemos sido testigos de los giros impensados que muchos países alrededor de la banana mundial están desarrollando, al extremo de volcarse hacia experimientos dignos de repúblicas consideradas bananeras en décadas pasadas, incluso en países del llamado primer mundo

¿Será un virus mental?

Rumbo al núcleo del siglo XXI nos encontramos ante múltiples frentes sociales, políticos y económicos que se han desatado para autodestruir las naciones y las sociedades, más allá de la denominada crisis del SarsCov-2 (conocido como virus chino, entre otros sinónimos).

El desmontaje de los regímenes políticos, sistemas electorales, validación institucional de la corrupción (baste ver la situación en Venezuela o USA). Incluso los cuestionamientos que se proyectan desde el gobierno de Francia o el principio de la caída libre de Perú (cuando incluso algunos economistas de ese país se jactaban de aprovechar las oportunidades que estaba desperdiciendo Chile, por su propio proceso de autodestrucción).

La explosiones en Cuba y Sudáfrica, hacia extremos contrapuestos. Los intentos de bajar al gobierno de Bielorrusia o el asesinato descarado del Presidente de Haithi, son exhibiciones que ya han superado los guiones tales como los films de Kames Bond, que son de acción y suspenso. Definitivamente la realidad ha superado a la ficción.

El proceso para las elecciones presidenciales en Perú es un poema sobre el dramatismo con el cual las sociedades afrontan las amenazas que las aquejan. Ya son cuentos de bananas.

Y resulta que los presidentes de la república de los últimos 35 años, absolutamente todos, con la excepción del saliente, están en procesos judiciales por corrupción. Más dramático aún: el ex presidente Alan García, quien fue presidente en dos peródos, acusado de doble corrupción, terminó en lamentable suicidio justo en el momento de su detención en Lima, Perú.

Otro, el ex presidente Toledo actualmente goza de libertad bajo fianza en USA, mientras se desarrolla la solicitud de extradición de la justicia peruana. Por mientras, tras las elecciones en el país, la derrotada Keiko Fujimori (hija de Alberto Fujimori, ex presidente actualmente preso por varios cargos de corrupción y crímenes de lesa humanidad) también se ve enfrentada a las acusaciones judiciales por corrupción.

Este país, no es precisamente pobre, de acuerdo a las proyecciones del FMI, considerando su riqueza en recursos naturales, como pesca, agrícola y cobre. También Perú tiene un sector industrial importante y de competitividad internacional.

Un país con gran riqueza cultural y hasta gastronómica, reconocida como una futura potencia en el turismo regional.

Pero con tantos atributos positivos, las elecciones han dado la presidencia de la nación a un presidente como Pedro Castillo, de inspiración maoista, comunista. Ya está provocando gran polémica por la conformación de su gabinete administrativo, afín a dicha ideología.

Antes de una semana, ya se ha concretado la primera marcha contra el gobierno de Castillo, que resultó ser multitudinaria, como expresión valiente contra el nuevo régimen que se está configurando en la operación de políticas estatales.

¿Hacia dónde va Perú?

Respuesta muy difícil, incluso para los mismos peruanos.

El extremo del otro extremo

USA, cuyas elecciones de noviembre de 2020 han resultado en un gran dolor de cabeza para la real politik de la democracia más antigua en funcionamiento en el planeta.

Es decir, si el gobierno de la unión está bajo profundos y fundados cuestionamientos, ¿qué le queda al resto del mundo?

Desde la madrugada del mismo 4 de noviembre, mientras supuestamente se desarrollaba un receso en el conteo de votos, mágicamente aparecieron cientos de miles de votos que absolutamente dieron ventaja al actual presidente. Y el escándalo es tan grande, que el mismo presidente Trump no concedió la victoria a su rival, ni menos se presentó al «traspaso» del mando el pasado 20 de enero.

Ni las cortes locales ni la Corte Suprema, en su momento, hicieron eco de las evidentes denuncias de fraude, de toda índole que principalmente se hicieron públicas en los estados denominados «visagra».

Para decorar este grotesco bochorno, fue la misma revista TIME, que en una edición de febrero de 2021 operó como válvula de escape para reconocer que «hubo que hacer ciertos ajustes» para retirar al presidente Trump desde las Casa Blanca.

Y mientras escribo estas líneas, sabemos que ya ha finalizado hace unas semanas una completa auditoría electoral en el estado de Arizona, condado de Maricopa, donde algunos legisladores ya ha llamado a decertificar la elección. Se han iniciado procesos similares en estados como Georgia, Michigan y Wisconsin, por solo mencionar algunos. La duda ya se cierne sobre California y hasta Miami.

Tanta fatalidad en el año final del gobierno del presidente Trump resultó demasiado extraña. Desde el BLM hasta la misma pandemia. Como un país de bananas, con las tragedias al extremo.

Sin duda, situaciones como las revisadas en Perú o en USA, hacen pensar en países tildados como «bananeros» o de «bananas», debido a la precariedad ética de los políticos.

Los recolectores de Bananas

El gran beneficiado de la decadencia de las repúblicas de occidente resulta ser el partido comunista chino. Es cosa de ver las estadísticas de economía de la República Popular.

Multimillonarios más ricos por el SarsCov-2

Al mismo tiempo, muchas corporaciones de status global han ganado más dinero que en toda su historia… solo en dos años.

Por su parte, el Foro Económico Mundial (WEF), liderado por el visionario Klaus Schwab, ha elevado a la China comunista como un inspirador de un futuro compartido en un mundo fracturado.

Un rompecabezas geopolítico difícil de armar, porque es muy complicado entender el paisaje que los verdaderos capitales que manejan el «Cerebro del Mundo», han diseñado para las siguientes décadas.

Solo tenemos algunas piezas claras, tales como la famosa Agenda 2030 y el Great Reset. Podemos reconocer la encíclica papal «Laudato Si» de 2015. Pero a pesar de estas cartas de navegación política, económica, social y hasta ambiental, cuesta reconocer una atmósfera positiva de bien común esperanzador. El mundo en 2021 es un grupo bizarro de bananas.

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