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Deuda mundial alcanza record de USD 226 billones

Deuda mundial alcanza record de USD 226 billones
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Conviene cuestionar la gestión de cada gobierno por la deuda

La productividad local no da abasto para producir los valores suficientes que toda sociedad necesita. Los políticos de la economía no han dado con la fórmula para evitar el siniestro colapso que ya ensombrece a la mayoría de la población planetaria.

Panorama

Durante el pasado abril 2021; el mismo FMI proyectaba un crecimiento global del 6% en 2021, moderando al 4,4 por ciento en 2022. Las proyecciones para 2021 y 2022 son más sólidas que en el informe WEO (World Economic Outlook) de octubre de 2020. La revisión al alza refleja el apoyo fiscal adicional en algunas grandes economías, la recuperación anticipada impulsada por las vacunas en la segunda mitad de 2021 y la adaptación continua de la actividad económica a la movilidad moderada. Una gran incertidumbre rodea esta perspectiva, relacionada con la trayectoria de la pandemia, la eficacia del apoyo de políticas para proporcionar un puente hacia la normalización impulsada por las vacunas y la evolución de las condiciones financieras. Transcurrido más de medio año desde ese informe, inyecciones experiemntales en fase III mediante, la luz al final del tunel, parece alejarse.

El FMI reconoce que en 2020 se produjo el mayor aumento de la deuda en un año desde la Segunda Guerra Mundial.

Antes de 2020 el nivel de endeudamiento ya era alto, pero hoy los gobiernos se han emborrachado a con niveles absurdos de deudas pública y privada.Enfracados en inyectar forzadamente a toda la población, en lugar de concentrarse en validar tratamientos que se sugieren y no se investigan para conveniencia de la humanidad, incluso mencionados por la misma NIH, pero que aún no han hecho esfuerzos por invesitgar más a fondo.

Por mientras, la deuda mundial aumentó 28 puntos porcentuales, a 256% del PIB en 2020, según la última actualización de la base de datos del FMI sobre deuda mundial.

El endeudamiento púbico contribuyó un poco más de la mitad del aumento, y el coeficiente de deuda pública se disparó a un nivel sin precedentes de 99% del PIB. La deuda privada de empresas no financieras y hogares también alcanzó nuevos máximos.

La pregunta del millón: ¿Cómo se financiará la deuda?

El mundo no puede seguir viviendo de una deuda insana.

El mismo análisis del FMI indica que los aumentos de la deuda fueron especialmente notables en las economías avanzadas, donde la deuda pública subió de alrededor de 70% del PIB, en 2007, a 124% del PIB en 2020. La deuda privada aumentó a un ritmo más moderado, de 164% a 178% del PIB, en el mismo período.

La deuda pública ahora representa casi el 40% de la deuda mundial total, la mayor proporción desde mediados de los años sesenta. La acumulación de deuda pública desde 2007 obedece en gran medida a dos graves crisis económicas que los gobiernos han tenido que afrontar: primero la crisis financiera subprime de 2008 y luego la tragedia de COV!D-19.

Dura realidad

Pero, de modo arbitrario, la dinámica de la deuda varía de un país a otro. Las economías avanzadas y China representaron más del 90% de los USD 28 billones en que aumentó la deuda en 2020. Estos países pudieron incrementar la deuda pública y privada durante la tragedia en curso, gracias a las bajas tasas de interés, las medidas de los bancos centrales (incluidas importantes compras de deuda pública) y los mercados financieros bien desarrollados.

Sin embargo, la mayoría de las economías en desarrollo dle mundo, están en otro extremode las oportunidades de financiamiento, desde donde se enfrentan a un acceso limitado a los fondos y a menudo con tasas de interés más altas.

En un grupo, las economías avanzadas pudieron hacer que los déficits fiscales se dispararon por el desplome de los ingresos a causa de las resteicciones burtales que llevaron a una GRAN RECESIÓN, adoptando de amplias medidas fiscales ante la ineficiencia en el manejo de la tragedia del COV!D-19. La deuda pública creció 19 puntos porcentuales del PIB en 2020; un aumento semejante al registrado durante la crisis subprime, en un período de dos años: 2008 y 2009. La deuda privada, sin embargo, aumentó 14 puntos porcentuales del PIB en 2020, casi el doble que durante la misma crisis subprime.

En tanto, los países de mercados emergentes y en desarrollo enfrentaron restricciones financieras más duras, pero con grandes diferencias entre los países. China de por sí sola contribuyó un 26% al aumento de la deuda mundial. Las naciones emergentes y los países de bajo ingreso representaron pequeñas proporciones del aumento de la deuda mundial, de alrededor de USD 1 billón y USD 1,2 billones, en cada caso, principalmente debido a un mayor endeudamiento público. Lo que significa empobrecer a esas sociedades en el largo plazo.

Sin embargo, tanto los países de mercados emergentes como los de bajo ingreso están enfrentando coeficientes de deuda elevados debido a una fuerte reducción del PIB nominal en 2020. La deuda pública en los mercados emergentes alcanzó máximos sin precedentes, mientras que en los países de bajo ingreso aumentó a niveles no observados desde comienzos de la década de 2000, cuando muchos de ellos se beneficiaron de iniciativas de alivio de la deuda.

Panorama

El FMI invita a que las naciones tengan que reformular sus políticas fiscales, conforme suban las tasas de interés, sobre todo en los países con mayores vulnerabilidades de deuda. Como muestra la historia, el apoyo fiscal perderá eficacia cuando las tasas de interés reaccionen; es decir el mayor gasto (o la reducción de los impuestos) incidirá menos en la actividad económica y el empleo, y podría generar presiones inflacionarias.

Los riesgos serán mayores si las tasas de interés aumentan más rápido de lo previsto y si el crecimiento es insuficiente, entonces, un escenario que implique dificultades para realizar los «servicios de la deuda», haría que los prestamistas impongan condiciones más brutas, aumentando la presión sobre los gobiernos y el resto de lso actores endeudados. Se nos vienen a la cabeza situaciones como Grecia 2015 o Argentina 2001. Si los sectores público y privado se ven obligados a comprometer patrimonio, el crecimiento economía sería una obra de ciencia ficción. Con economías fundidas, será todo un desafío del miedo intentar crecer, para pagar las deudas y contener la inflación bestial que ya se respira en muchos países y que se proyecta como altamente probable para el 2022.

Entonces...

Hace unos meses conocimos una proyección del crecimiento del PIB mundial alrededor de 4% a 6% hasta el 2022. Lo que con toda claridad no alcanza para sostener un nivel de vida «normal» de las sociedades, que se han visto en «auodestrucción económica» durante ya dos años, contando desde el 18 de octubre del 2019 (día del EVENT 201).

Y tanto las autoridades nacionales, como los jerarcas de las organizaciones supranacionales y las corporaciones, han desplegado políticas de ahogados, in mayor idea que la de imprimir billetes en los bancos centrales hasta más alla del cielo. La productividad local no da abasto para producir los bienes y servicios básicos que toda sociedad necesita para subsistir. Simplemente los políticos de la economía no han dado con la fórmula para evitar el siniestro colapso que ya ensombrece a la mayoría de la población planetaria.

Y mientras eso sucede, solo algunas industrias y corporaciones han dado con la «pócima mágica» para soportar y, en algunos casos, crecer como nunca antes vio industria alguna en la historia de la humanidad.

Esa pócima milagrosa es un derivado político del denoinado «GREAT RESET» (que por cierto, para la información del lector, no consiste en teoría de la conspiración). Las palabras del Director del WEF, Klaus Schwab, cuando presentó su maravillosa obra «COV!D-19 – THE GREAT RESET», en mayo de 2020; designando a la tragedia global como «una gran oportunidad» para hacer todo de nuevo y mejor (BUILD BACK BETTER, como se le ha conocido).

Y por esta pócima mágica, el endeudamiento mundial se ha disparado en un volumen que ya se está viendo en los paquetes financieros de rescate, esclavizando a los países con préstamos de largo plazo (50  años o más) a tasas de interés de miedo. Es decir, nosotros moriremos y nuestros hijos, nietos y hasta bisnietos, seguirán pagando la deuda de hoy.

Conviene cuestionar la gestión particular de cada gobierno, viendo si la gestión de este siniestro ha sido la idónea o simplemente ha sido, incluso, parte del problema, que ha profundizado la nueva GRAN DEPRESIÓN, ahora en el siglo XXI.

Más aún, al menos, en 1929 fue un crash económico financiero, que ajustó los mercados para pasar de una sociedad agrícola a una de fábricas y más de ciudad. No tuvo graves incidencias culturales. Sin embargo, la humanidad no solo debe aceptar y afrontar el dramático encarecimiento de los recursos que dispone para subsistir. Además, debe asimilar con mucha molestia, la penetración traumática de un violento cambio de paradigmas, que están siendo inyectados forzadamente, en nombre de las agendas que circulan como martillazos en los medios masivos, para una operación de ingeniería social brutal.

La cultura de la cancelación se ha tomado hasta el desarrollo de la economía y las finanzas, degenerando a los mercados, porque lo que más se está degenerando es a la sociedad local, con un decálogo que dista mucho de los reales intereses de crecimiento y desarrollo de las naciones.

De tanto endeudamiento, al final no queda claro a quiénes beneficia realmente. La brújula financiera de las naciones se ha vuelto absurdamente insana.

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