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Criptoeconomía para novicios

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Criptoeconomía, una distribución perfecta de la riqueza

La criptoeconomía reúne campos de la informática y la economía para estudiar el mercado financiero, el protocolo de seguridad, las aplicaciones de software y las redes descentralizadas que se pueden construir combinando la criptografía con incentivos económicos. Sus tecnologías, como la cadena de bloques y la criptomoneda, se han convertido en tópicos que forman parte de una era revolucionaria en la economía mundial.

Para Vlad Zamfir, desarrollador de Ethereum, una de las cadenas de bloque fundamentales de la criptoeconomía, esta es ”una disciplina que examina los protocolos que regulan la producción, emisión y consumo de bienes y servicios en una economía digital localizada”.

La internet se ha ido ganando espacios cada vez más importantes. Abrio la puerta, por ejemplo, al e-commerce, brindando la oportunidad de competir libremente contra «monstruos» del comercio mayorista y minorista, tanto a nivel local como a escala internacional. De hecho, dio paso para que ciertos proyectos privados (algunos con apoyo público) pudieran desarrollarse hacia lo que hoy conocemos como «Big Tech» (grandes corporaciones tecnológicas hoy).

Desde su liberación, a principios de la década de 1990; la internet fue evolucionando desde una rareza electrónica, hacia un lugar que concentra muchas de las principales actividades que las personas desarrollan hoy. Desde negocios hasta contactos con los seres más queridos.

El sonido del dinero digital

Tanta evolución comercial, en solo 20 años fue un salto gigante para las naciones, que podían gestionar de mejor manera sus negocios. Sin embargo, aquel modelo tenía una gran debilidad: las burbujas financieras. Se había logrado superar, a duras penas, la crisis asiática de 1998; pero el 2008 fue demasiado brutal el golpe para millones de familias en todo el mundo, porque la economía internacional se derrumbó. No había internet que pudiera salvar el escenario. Incluso muchos analistas señalan que esta crisis nunca se resolvió del todo, porque aún estaríamos padeciendo parte de ese legado decadente.

La banca fue rescatada de manera «grotesque» por los bancos centrales, mediante la impresión monstruosa de dinero. Mas, al poco tiempo se comenzó a descubrir que mucho de ese dinero había ido a parar las cuentas corrientes de los ejecutivos bancarios, para comprar propiedades en lugares paradisiacos, tales como los mismos «paraísos fiscales».

El grueso de los ciudadanos quedaron con profundos problemas financieros, perdiendo propiedades, empresas y ahorros. Gente que perdió empleos en el sector financiero y que nunca más pudo ejercer, porque «los mercados» ya estaban colapsados..

Durante esos últimos 100 años habían acontecido varias crisis económicas, partiendo por la GRAN DEPRESIÓN de 1929. Mas, en esta ocasión algo resultó diferente.

La publicación del célebre «White Paper» de Satoshi Nakamoto, en octubre de 2008; dio el salto para visualizar la economía de modo diferente, para millones de personas en el mundo, principalmente para jóvenes adeptos a las herramientas tecnológicas.

Se haría notar la evolución cultural de las personas desde momento. Un concepto que hizo cambiar paradigmas en el transcurso de los años siguientes, hasta la fecha.

Montado sobre el concepto de blockchain, la reunión de diversos elementos programáticos que conjuntamente permiten facilitar los intercambios; de forma segura; encriptada; cuidando la identidad; estableciendo contratos inteligentes y evadiendo la censura, todo de modo descentralizado. Nakamoto estableció que existe un método que permite transferencias de valor, de modo casi instantáneo, a un costo relativamente bajo, que podría permitir que las personas realicen transacciones sin intermediarios. Lo denominó criptomoneda y él entregó la primera propuesta: Bitcoin (BTC, por su famoso acrónimo).

Bases de la Criptoeconomía

Es un concepto muy nuevo para ser enseñado y aprendido en las aulas de la educación superior, menos pensar en la educación escolar. Se trata de una disciplina algo compleja, porque recluta elementos de la informática, la criptografía, la economía y la lógica, entre otras.

Solo algunos «estudiosos» y «entusiastas» se han dado tiempo para enseñar y escribir sobre este tema, destacando a nuevos actores de esta incipiente actividad, tales como Andreas Antonopoulos y muchos otros, que sobre la marcha, han ido aportando guías para su conocimiento.

En términos simples, la criptoeconomía es la disciplina que estudia los fenómenos económicos dentro de un medio ambiente electrónico y las interacciones que éste mantiene con el resto de los agentes de la economía alrededor del mundo y hasta en el espacio exterior. Todos los intercambios que se generan mediante plataformas basadas en cadenas de bloques tienen impactos sobre la economía en general, porque existen flujos de diversos recursos que inciden en la distribución de riquezas, costos y gastos que suceden con la libre circulación de bienes, servicios y tecnologías que generan valor para la sociedad.

Según la Universidad de Alcalá, «la criptoeconomía presume que a través de la democratización de la emisión monetaria (las criptomonedas o Bitcoins) y a través de una plataforma tecnológica (Blockchain) existirá un mundo de iguales, con una distribución de la riqueza perfecta».

Una interesante introducción a la criptoeconomía la representa la obra: CRIPTOECONOMÍA (Cómo el Bitcoin y Blockchain están cambiando al mundo y tus finanzas), de Bolaños, Luetticke y Galarza (ISBN 9781082212871), el cual divide el fundamento de esta joven disciplina en tres partes, de manera inteligente: I.- Criptomonedas; II.- Blockchain; III.- Finanzas personales. (Figura 1).

Presentado de esta manera, lo que se debe captar, en primer lugar, acerca de lo que constituye a la criptoeconomía, es tomar cada parte y desarrollar un análisis metódico sobre su esencia. Se entiende que cada disciplina, dentro de un contexto de integración, da profundidad y sentido a la comprensión de esta novedosa actividad económica, informática y financiera.

La criptoeconomía se ha vuelto más popular y se ha adherido principalmente a la aparición e innovación de Blockchain y sus criptomonedas, como Bitcoin y su libro distribuido de transacciones (libro mayor); DLT por siglas en inglés), incluyendo las innovaciones anteriores, asociadas a programas y cálculos, como la criptografía.  La criptoeconomía es parte de la evolución histórica de la economía y las finanzas. En 2008, por ejemplo, cuando se creó y publicó Bitcoin, comenzó la «crisis financiera subprime de USA», que afectó a la economía mundial. La crisis, combinada con la creación de Bitcoin, creó las condiciones para el surgimiento de esta disciplina.

La criptoeconomía se ocupa de...

Hemos visto que estamos en presencia de una actividad que es aún muy nueva, como no se generó directamente desde centros de estudios o universidades, por ejemplo, ha seguido un camino inverso al que generalmente siguen las disciplinas socialmente aceptadas por la comunidad internacional. Esto significa que las innovaciones van desde las instituciones hacia la sociedad. Sin embargo, aquí estamos viendo que las innovaciones van desde la sociedad hacia las instituciones. Por esto, los denominados desarrolladores (Developers) han ganado una relevancia fundamental para el levantamiento de cada avance. El mismo Satoshi Nakamoto es la representación del máximo exponente de la criptoeconomía. Tal vez, sin exagerar, dentro de algunas décadas, se hablará del «White paper» de Nakamoto como se ha hablado de «La riqueza de las naciones» o de «Teoría General».

Cabe hacer mención importante sobre la conquista que ha hecho la escuela austriaca de economía, con las directrices de F. von Hayek como portaestandarte del liberalismo económico, que ha abrazado apasionadamente la justificación y defensa de la criptoeconomía, acompañado por el llamado «anarcocapitalismo», considerando que entre muchos atributos que ofrece la tecnología, facilita ostensiblemente los intercambios económicos de modo descentalizado, quitando del camino a entidades fiscalizadoras, que suelen ser corruptas, ineficientes, ineficaces y extremadamente lentas, debido a la exacerbación del control fiscal sobre los individuos y empresas, atentando contra la libre iniciativa.

A su vez, la «construcción» de estas tecnologías proviene de programadores involucrados en el cifrado de archivos y la transmisión de paquetes de información, de forma segura y descentralizada. Esta corriente informática se gestó principalmente desde el movimiento denominado «Cypherpunk» (no confundir con «cyberpunk»). Este movimiento, ya por décadas, ha identificado a millones de «hackers», ingenieros, programadores y entusiastas que han seguido con la filosofía de cuidar la privacidad y seguridad digital en los movimientos de datos en las redes digitales, más allá de las redes sociales.

Esta defensa y lucha por la libertad, es el pegamento que permite la conexión intelectual de los cypherpunks y los economistas austriacos. Unos y otros se conectan perfectamente para trabajar en conjunto, desarrollando aplicaciones informáticas e instrumentos financieros que cada día, a mayor velocidad, van amplificando las oportunidades de crear valor y realizar intercambios para la transmisiones de riquezas a los participantes de estos mercados. Esta comunión cultural funciona si y solo si la sociedad mantiene un alto estándar de libertades que aseguren la toma de decisiones individuales.

Por ejemplo, cuando el Partido Comunista de la RPC (PCCh) decreta reiteradamente la prohibición del minado, acumulación, compraventa y cualquier otro movimiento financiero con criptomonedas, se transforma en una amenaza para el medio ambiente criptoeconómico, porque obliga a los agentes a la búsqueda de otros lugares donde desarrollar sus operaciones comerciales. El caso contrario, sucede en USA, donde la Security and Exchanges Comission (SEC) anuncia que no perseguirá a bitcoin, dejando la libre disposición de las redes para que opere, dentro de los marcos legales existentes en ese país. Como dijimos antes, el camino de la criptoeconomía es inverso, sorprendiendo a los legisladores y fiscalizadores sin la preparación técnica, práctica ni académica para visualizar modelos de control o fiscalización de estos verdaderos océanos de desarrollo informático, que mueven sus ondas de una costa a otra, a la velocidad de la luz. Hasta ahora la autoridad no puede imponer mayores restricciones, porque no está habilitada para esa función. Deberán transcurrir algunos años más, antes de que surja una nueva generación de legisladores que tengan incorporados los conceptos necesarios para generar normas que perfeccionen la praxis de esta economía digital.

Mas, al parecer, los Estados nacionales trabajan en su propia criptoeconomía; Las CBDC (Central Bank Digital Currency) o Monedas Digitales de Banco Central, para hacerse del monopolio del uso de dinero digital ante los ciudadanos, amenazando la libertad de disposición financiera. El tristemente célebre «yuan digital» es un claro ejemplo de las intenciones que guardan la mayoría de los gobiernos.

La tragedia ocasionada por la pandemia ha generado una emisión de dinero fiat nunca antes vista. Esto provoca que el dinero se devalúe y la necesidad de ahorrar en activos que no pierdan su valor, al ritmo de la devaluación, se torna imprescindible. En gran parte es por ese motivo que el mercado criptomonetario ha crecido tanto, además de las ventajas que brinda en cuanto a accesibilidad, facilidad para transaccionar, oportunidad de generar grandes beneficios y burocracia mínima.

También, las pequeñas y medianas empresas pueden llegar a ser un sector favorecido por la criptoeconomía. Incluir activos como descentralizados entre las herramientas financieras, constituye la oportunidad de ganar ventajas frente a la cara ineficiencia de la banca privada y la arbitrariedad centralizada del vanco central de cada país. Además, se presenta como activo de resistencia frente a la inflación, que es una gran amenaza para las economías de las naciones.

La criptoeconomía estudia la interacción económica en entornos diferentes. Dentro de la informática, considera los sistemas P2P descentralizados que no ceden el control a terceros, sabiendo que habrá malos actores que buscan interrumpir el sistema. Los enfoques criptoeconómicos combinan la criptografía y la economía para crear redes P2P (Persona a persona) descentralizadas robustas que prosperan con el tiempo, a pesar de que los adversarios intentan interrumpir la red. La criptografía subyacente a estos sistemas es lo que hace que la comunicación P2P, dentro de las redes, sea segura y la economía es lo que incentiva a todos los actores a contribuir a la red para que prospere con el tiempo.

Otra gracia de la criptoeconomía, radica en el establecimiento de tipos de protocolos que permiten el desarrollo de múltiples entornos y aplicaciones que facilitan la circulación de activos y amplifican la capacidad de interactuar en nuevos mercados digitales, que van más allá de las meras criptomonedas.

Así, se habla de algoritmo SHA256 que caraceriza a Bitcoin o el protocolo ERC20 para la blockchain de ethereum, entre otros. Sobre la base de los protocolos y algoritmos, se van desarrollando las aplicaciones que dan vida al ambiente que permite los intercambios digitales criptográficos.

¿Cómo se expresa la criptoeconomía?

Cada año, a gran velocidad, aparecen más y más aplicaciones, servicios, etc. Así, se habla de las DeFi o los NFT, por ejemplo, como los nuevos negocios del «criptomundo». Pero, se está llegando más lejos aún, cuando desarrollan los «metaversos».

Se está yendo tan veloz, que el público base no termina de aprender sobre un concepto, cuando ya tiene que ir aprendiendo sobre otros dos nuevos a la vez.

Si se supone que son instrumentos de inversión financiera de corto, mediano y largo plazo, además de las utilidades que prestan, el riesgo de «entusiasmarse» con alguno, sin tener la debida preparación, es demasiado alto. Primero, porque como todo mercado, está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, haciendo que lo que parecía el «negocio del año» hoy, mañana se haya ido al fondo del océano, con una pérdida de 90%.

También, por desgracia, es una maravillosa oportunidad para miles de estafadores de todo el mundo, que ven la posibilidad de montar un sitio web de humo, con redes sociales activas, embaucando a los «poco precavidos entusiastas», quienes atraídos por promesas de ganancias magníficas en una semana, entregan todo su dinero, con la mayor ilusión y esperanza que un ser humano puede sentir. Así sucede lo increíble: el gurú se esfuma con el dinero de los incautos, sin derecho a reclamo. Existen varios «modelos» de estafa, muy acomodados entre las redes sociales y las aplicaciones, criptomonedas «truchas», etc.

Es deber de cada persona hacerse responsable, como mayor de edad y con discernimiento, para asumir los riesgos corespondientes a su inversión.

El general, el mundo de la criptoeconomía resulta ser bastante claro y, por lo general, respetuoso de las leyes de los países. Por ejemplo, para comprar y vender criptomonedas en un exchange, es preciso cumplir con normas de «Conoce a Tu Cliente» (Know your Customer; KYC), que obliga a que el usuario deba validar su identidad, con su tarjeta de identificación nacional. También, los estados, para efectos tributarios (no pierden oportunidad), cobran impuestos sobre las ganancias en algunos países, donde no está prohibido el uso de criptomonedas. En general, los organismos estatales han ido bastante atrasados respecto a la consideración legal de este activo financiero, al que aún no han podido denominar en consenso, con algunas excepciones, como las de El Salvador, cuyo gobierno ya ha implantado una política nacional sobre el bitcoin, reconociendo legalmente su curso como medio de pago generalmente aceptado. Hay otros casos, como aquel del proyecto Petro venezolano, que al cabo de años desde su lanzamiento, aún deja más dudas que certezas.

La criptoeconomía, deja a nadie indiferente. Hay gente que se hizo millonaria; otra, que lo perdió todo. En fin, este mega impulso informático hacia una nueva economía, dista mucho de lograr una masificación importante, debido a que demanda que las sociedades se comprometan libre y soberanamente acerca del destino financiero que estimen para su futuro. Hay sociedades más veloces y otras lentas. depende de factores como la educación financiera, informática, acceso a dispositivos habilitados, conectividad, información transparente, segmentos etarios, entre otros, que en conjunto definen el camino que una sociedad transita para abrazar un medio ambiente económico y financiero como este.

También, existen muchas personas que se resisten a abordarlo, porque acusan de que estos activos no cuentan con mayor respaldo que los 0 y 1 que avanzan por los circuitos y ondas al viento. Posición que también es respetable.

Sin embargo, es una disciplina que ha llegado para quedarse, mientras la electricidad y la conectividad así lo permitan.

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